No sé por qué escribir tu tarjeta me da un vuelco al corazón, me produce dolor estomacal y sé que si me dejo llevar, llegaré a la náusea... Qué situación más complicada, pienso mientras mis ojos se llenan de unas lágrimas que no puedo permitirme sacar, como tampoco permito otros sentimientos en mí. Esta situación que sentí toda la vida, que supimos desde siempre, que es bien vista para otros ojos mientras sólo nosotros sabemos la realidad, la lucha que hay día con día para no apegarnos de más, no extrañarnos como realmente lo hacemos y no decir las palabras que realmente sentimos simplemente por miedo, a mil cosas, miedo a que el otro se aleje o peor aún, que se acerque y nos abra la puerta y entonces no sepamos qué hacer con todo lo que traemos dentro, miedo a el qué dirán, los tuyos y los míos, que básicamente son los nuestros. Y lo único que nos queda es aguantar, como si fueramos tan valientes, tan fuertes, como si no nos estuvieramos consumiendo por dentro, lentamente... como si no temieramos el perdernos, yo perderme en el camino y al final perderte a ti. Es que todo parece tan sencillo, tú quieres a alguien como yo, y yo... yo quiero a tantos alguienes, que sé que ni tú ni muchos podrían ser feliz conmigo. Pero siempre está ese “quizá” retumbando en la cabeza, ese “qué pasaría si”. Pero no lo permito, posiblemente mi felicidad esté contigo; sin embargo, probablemente tu ruina esté conmigo. Eres, has sido, un buen hijo, buen amigo, buen novio, de mí que no les extrañe nada... Y me niego, me rehuso por completo a corromperte, a ti no, aunque tal vez eso signifique que te quiero más de lo que estoy dispuesta a aceptar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario